Los humedales de La Mancha Húmeda forman uno de los conjuntos acuáticos más valiosos de la península ibérica. Sin embargo, desde mediados del siglo XX, la transformación del territorio y el aumento de la demanda de agua han alterado el equilibrio natural de muchas lagunas, ríos y tablas de inundación.
La conservación de estos ecosistemas depende especialmente de mantener el agua en cantidad y calidad suficientes. La fauna, la vegetación y el propio paisaje están conectados con los acuíferos, los ríos y las precipitaciones que alimentan cada humedal.
La desecación y la sobreexplotación de los acuíferos
Uno de los principales problemas ha sido la transformación de cultivos de secano en regadío. El aumento de las extracciones de agua subterránea redujo los niveles de los acuíferos de los que dependen numerosos humedales manchegos.
A este proceso se sumaron las antiguas actuaciones de desecación. La Ley de 17 de julio de 1956 promovió el saneamiento y la colonización de terrenos pantanosos próximos a los ríos Guadiana, Cigüela y Záncara. Como consecuencia, se drenaron zonas húmedas, se modificaron cauces y desaparecieron espacios que anteriormente se inundaban de manera natural.
La canalización de los ríos y la pérdida de conexión con las aguas subterráneas también alteraron el funcionamiento de las lagunas y tablas fluviales. Cuando disminuye la llegada de agua, se reduce el hábitat disponible para peces, anfibios, plantas acuáticas y aves.
La contaminación y el deterioro de los hábitats
La actividad agrícola puede afectar a los humedales cuando los fertilizantes, herbicidas y pesticidas llegan al agua mediante la escorrentía o se infiltran en el subsuelo. También pueden producirse aportes de aguas residuales insuficientemente tratadas.
El exceso de nutrientes favorece la eutrofización, un proceso que empeora la calidad del agua y altera la vegetación acuática. Estas condiciones afectan a toda la cadena alimentaria y pueden aumentar los riesgos para las aves que utilizan los humedales para alimentarse, descansar o reproducirse.
Otro problema es la presencia de especies exóticas. Algunos peces introducidos pueden competir con las especies autóctonas, remover los fondos y perjudicar las praderas de plantas sumergidas que sirven de alimento y refugio a numerosos animales.

Las molestias a la fauna y el reto de proteger los humedales
La entrada de ganado, vehículos o personas en zonas sensibles puede provocar el pisoteo de la vegetación, la destrucción de nidos y el abandono de las puestas. Estas molestias resultan especialmente graves durante la época de reproducción de las aves.
La conservación también debe hacer frente a otros factores, como los periodos prolongados de sequía, los cambios en los usos del suelo y una presión recreativa mal gestionada. Por ello, es necesario respetar los senderos, las áreas restringidas y las indicaciones establecidas en cada espacio protegido.
La Reserva cuenta con distintas figuras de protección, entre ellas el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, reservas naturales y espacios pertenecientes a la Red Natura 2000 y al Convenio Ramsar. Estas figuras permiten desarrollar medidas de restauración, vigilancia y gestión sostenible del agua.
Proteger La Mancha Húmeda implica compatibilizar las actividades agrícolas, ganaderas y turísticas con el mantenimiento de sus procesos naturales. Conservar el agua, reducir la contaminación y evitar las molestias a la fauna son acciones esenciales para garantizar el futuro de estos ecosistemas.